Normalmente,
el concepto "participación" cobra una connotación
positiva y esperanzadora. Sobre todo cuando esa participación
se realiza en grupos y/o movimientos con finalidades políticas
y/o culturales . Sin embargo, no necesariamente la participación
suele tener esas connotaciones positivas o no siempre se atribuyen
connotaciones positivas a las mismas formas de participación.
Por ejemplo, para los intelectuales de las generaciones del ´60
y ´70, lo valorado fue la participación en movimientos
y asociaciones políticas y/o en movimientos culturales, expresados
en diversas formas de redefinición de las vocaciones profesionales
(arquitectura, medicina, o abogacía para el pueblo) y arte,
en especial la música pero también la literatura,
escultura y la pintura. Si nos ajustásemos a los análisis
más recientes, contempladas desde aquellas ópticas
de participación política de los ´60 y ´70,
los estilos de vida y las formas de asociacionismo juvenil surgidas
en los ochenta parecieron muy poco importantes, por lo que la llamada
“generación X” apareció, ante mu-chos
ojos , como individualista, conservadora y sólo preocupada
por el bienestar y el éxito individual . Al menos como ejercicio,
sería bueno comenzar el trabajo discutiendo los criterios
con los que juzguemos las formas de participación juvenil
que habrá de interesarnos investigar.
En
el planteo de gran parte los escritos sobre el tema, queda excluida
la posibilidad de estudiar formas de asociación que, pese
a no compartir las características antes indicadas, tienen
una gran influencia en la actual conformación de la vida
urbana en Latinoamérica. Teniendo en cuenta esto, el propósito
de este artículo es insinuar la necesidad de agregar una
nueva punta a esa estrella, con el propósito de hacer más
completo el panorama; pero a condición de redefinir los contenidos
exclusivamente positivos del concepto de participación.
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