En
diciembre de 1985, se publicó el Nº 5 del boletín
del Comité de Investigación (número 38), “Biografía
y sociedad”, de la Asociación Internacional de Sociología.
En ese boletín se hacía un balance y revisión crítica
de las investigaciones que, en Latinoamérica, habían hecho
uso de la historia de vida 1/. Según lo que allí podía
leerse, las noticias provenientes de varios de los países del
subcontinente eran alentadoras. En casi todos los países, pero
sobre todo en México, Brasil, Argentina, Perú y Chile,
se habían multiplicado las investigaciones de ese tipo, abarcando
una amplia diversidad de temas.
En
el prólogo a esa edición del boletín, Aspacia Camargo
dejaba constancia no sólo de aquella afluencia de investigadores
hacia esta forma de investigación; aprovechaba también
para hacer algunos señalamientos de interés en cuanto
al estado de la discusión sobre esa técnica. Según
la autora, a diferencia de lo ocurrido en la Antropología (disciplina
en la que se había ido produciendo un modelo ampliamente compartido
de relación entre teoría y método), en la Sociología
seguía existiendo una multiplicidad de paradigmas. Frente a esa
situación la autora afirmaba:
Esa diversidad,
que no es de por sí negativa, exige concentrados esfuerzos
para lograr una cuidadosa definición de los procedimientos,
etapas y prerequisitos básicos de cada enfoque (p.39)
Dicho
esto, la autora llamaba a emprender la tarea de definir cuáles
pueden ser los “tipos de circunstancias, problemas, reflexiones
y áreas” en las cuales las historias de vida son más
relevantes.